"-No podemos, en esta generación formular una historia definitiva; pero sí podemos eliminar la historia convencional, y mostrar a qué punto hemos llegado en el trayecto que va de ésta a aquella". Lord Acton para la cambridge university press relativo al texto cambridge modern history, (1902). Como ya sabemos, la historia es algo que forma parte de nuestras vidas y el modo de comprenderla sin duda afecta en gran medida al presente de la humanidad. Si bien la historia es importante, podemos decir que la figura del historiador no goza de menos importancia, pues es el encargado de manejar los datos históricos y sus interpretaciones como si de herramientas se tratasen, para conseguir una interpretación fiel de la historia. Si todos estamos de acuerdo en que una buena interpretación de nuestro pasado ayuda a la humanidad a evolucionar como conjunto, ¿qué tal si nos planteásemos esto a una escala individual? ser historiadores de nosotros mismos en definitiva.
A lo largo de los años han ido surgiendo distintas formas de interpretar la historia, digamos que en cierto modo este proceso de cambio ha significado avanzar en la manera en la que vemos nuestro pasado. Fue Lord Acton, anteriormente citado, quién abrió la veda aventurandose a decir que bajo la consigna de la evolución de las técnicas para resolver problemas, algún día habría medios disponibles para alcanzar un conocimiento definitivo y verdadero de la historia, sin embargo esto fue contradicho por Sir George Clark 60 años después, en la segunda edición de la Cambridge modern history. Clarck hablaba sobre la cantidad de historiadores sujetos a la idea de la libre interpretación, y el peligro que ésto suponía para corromper la historia, la cual sería por tanto carente de valor y estaría lejos de convertirse en historia definitiva de la humanidad.
También podemos ver una serie de teorías desde Ranke, quien decía que los hechos objetivos prevalecen sobre la interpretación, pasando por las ideas positivistas, las cuales marcaban el averiguar los hechos como un primer paso para después deducir de ellos las conclusiones, hasta llegar a la teoría empírica, la cual abogaba por un proceso receptivo pasivo de los datos, tras el cual sacaríamos las conclusiones pertinentes. Parece que damos palos de ciego pero en realidad nos estamos acercando poco a poco al camino correcto. C.P.Scott decía: “los hechos son sagrados, la opinión libre”,esto nos hace preguntarnos sobre qué hechos son relevantes y cuáles no. Un historiador no debe fallar a la hora de elegir ciertos hechos para construir una interpretación del pasado, su precisión en este caso tiene que ser un deber no una virtud, se trata de una condición totalmente necesaria en cada historiador pero no es ésta su función principal. Llegados a este punto podemos comprobar que los datos básicos son más materia prima del historiador que de la propia historia, tenemos entonces que los hechos sólo hablan cuando se apela a ellos. Tras todo esto podríamos definir la historia como un sistema selectivo de orientaciones cognitivas hacia la realidad, nos preguntamos entonces por el proceso que debe pasar un hecho para convertirse en histórico y la respuesta puede parecer sencilla, pero encierra dentro de sí una gran cantidad de procesos sociales, ya que en primer lugar el hecho se presenta a la sociedad, quien decide si aceptar y dar uso a dicho hecho, si la respuesta es satisfactoria ya tenemos un hecho histórico, ahora bien, esto puede tener buenos o malos resultados, dependiendo del nivel cultural de la sociedad en cuestión.
A la hora de hablar de un historiador debemos tener en cuenta que se encuentra dentro de unas circunstancias determinadas que afectan a la interpretación de la historia, así mismo podemos ver el ejemplo de los historiadores de la edad media, los datos que manejaban habían pasado por muchos procesos de selección, entre ellos debían pasar el filtro religioso, tendremos entonces una visión borrosa de la historia. A nosotros nos ha llegado la idea de que la gente en la edad media era muy religiosa, ¿será esto cierto? ¿acaso a la iglesia no le interesaría plasmar la historia de esta manera? también se plantea la cuestión de que la mayor parte de gente que no era ágrafa eran religiosos o relacionados con el medio eclesiástico.
La imagen del historiador cobró peso con la llegada de las teorías de Colinwood, de entre las cuales destaca la filosofía de la historia, la cual consiste en ver el pasado desde una visión del presente, vemos cómo se relaciona el que sería un pasado vivo, cambiante, con nuestro presente correspondiente. Sin embargo decía que los hechos históricos jamás llegarían puros a nuestras manos, y que nuestro principal interés acabaría siendo más elegir a un historiador que encaje con nuestras preferencias que por los datos que éste tiene en su base. En la actualidad se presenta un historiador que no está ni sometido por los datos que maneja ni los somete, la relación entre los mismos y el historiador es de armonía e igualdad, de intercambio. El proceso comenzaría con una selección provisional de los datos junto con una interpretación provisional, conforme el historiador trabaje en este proyecto veremos el fruto de la relación entre datos e interpretación, se complementarían poco a poco de tal forma que se aporten información para ganar un mayor peso y validez.
Finalmente si extrapolamos esta idea a un nivel individual, tendremos como resultado un individuo no solo consciente de su pasado y presente, sino un individuo consciente tanto de su entorno como de sí mismo. Si utilizamos el pasado como una herramienta y no como un peso a cargar, podremos comprobar que no somos meros individuos limitados a ver pasar experiencias por delante de nuestros ojos, sino que le daremos un uso a dichas vivencias que nos hará avanzar a nivel personal en la medida en la que nuestro entorno nos lo permita. Podríamos decir que esta característica realmente es inherente al ser humano, pero sin duda darse cuenta de ello y trabajarlo de manera consciente nos reportaría verdaderos beneficios.
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