miércoles, 6 de noviembre de 2019

Desigualdades sociales históricas

Desde el principio de los tiempos hasta el día de hoy se ha desarrollado en la humanidad ciertas desigualdades sociales debido a numerosos factores que han definido la sociedad de manera errónea, vulnerando los derechos de ciertas clases sociales y dotando de privilegios a las clases superiores. Así pues podemos observar que ya desde la prehistoria existían diferencias sociales relativas a las posesiones que tenía cada familia, las cuales les otorgaban cierta posición social. A continuación analizaremos estas desigualdades sociales comprendidas entre las civilizaciones egipcia, griega y romana, que son la base de las desigualdades sociales que podemos encontrar hoy en día.

En cuanto a Egipto podemos destacar la figura del Faraón, el cual era considerado un dios y por tanto tenía un poder absoluto. Para que haya una figura que concentre un poder absoluto, el resto de grupos que conforman la sociedad se ven atacados socialmente ya que no presentarán los mismos derechos que si fuese una sociedad igualitaria, así mismo tenemos, desde abajo hacia arriba de la pirámide, en primer lugar a los esclavos, los cuales no gozaban de libertad en absoluto. En segundo lugar nos encontramos con el pueblo, formado por agricultores, ganaderos y artesanos, este grupo presenta ciertas libertades, sin embargo la baja producción, unido al tributo que había que pagar al faraón independientemente de la mala cosecha o muerte del ganado, los convertía casi en una clase de esclavos, entre ellos se manejaba la idea de hacerse escribas para huir del sufrimiento y medrar así en la sociedad. Por último, posicionados bajo el faraón se encuentran los soldados y los funcionarios, clases sociales más acomodadas y que gozaban de ciertos derechos que la clase inferior no podía permitirse. Esta estratificación social tenía mucho que ver con las capacidades intelectuales, ya que las posiciones más elevadas eran ocupadas por personas que sabía leer, escribir y realizar operaciones matemáticas, es decir, aquellas personas capaces de llevar a cabo funciones administrativas del estado.

En lo relativo a la civilización griega, podemos decir que es muy destacable las desigualdades sociales que allí se daban, ya que era una civilización basada en la esclavitud, la cual se desarrolló mano a mano con la libertad, característica muy destacable de la civilización griega, podemos llegar a la conclusión de que de forma natural los esclavos y sus amos, sin embargo este enfrentamiento nunca se llevaría a cabo en la realidad y quedaría en un plano intelectual. Es destacable que para los griegos el origen de los esclavos es de corte mítico, pues en un principio eran mujeres y niños los que se dedicaban a las tareas serviles, el otro sector marginado, así pues el concepto de esclavo nacido de una leyenda se tornó real en esta sociedad, de hecho podemos ver más fórmulas sociales de organización, las cuales nacidas de leyendas o mitos se tornaban de carácter real, pues esta sociedad utilizaba dichos mitos y leyendas para transmitir los conocimientos. Sabemos que las mujeres no se equiparaban a los esclavos a pesar de compartir la falta de privilegios por ciertos textos que invertían el orden social pero solo con las mujeres, “Lisístrata” de Aristófanes es un ejemplo de ello, se habla de las mujeres como seres inferiores, pero a los esclavos se les determina como mediocres. Tenemos que la sociedad griega nos es mostrada como un mismo bloque pero a su vez dividido en dos corrientes, por un lado todas aquellas características sociales derivadas de los mitos, y por otro lado la erudición desbordante griega, el paso del mito al logos, la evolución social.

La economía de la sociedad romana estaba sustentada todavía en la agricultura.
Su estructura económica se diferenciaba de otras sociedades preindustriales por la posibilidad de desarrollar un capitalismo primitivo. La propiedad de la tierra era lo más importante a la hora de determinar la posición social, sin olvidarnos del origen personal, así mismo encontramos en lo alto de la pirámide a los diferentes estratos de la aristocracia terrateniente, el poder se concentraba en un pequeño grupo social, lo que les otorgaba privilegios que les alentaba a organizarse corporativamente. Los estratos inferiores eran dependientes de los superiores, esto se regulaba por un sistema jurídico que dejaba clara la jerarquía social derivada del principio aristocrático. Los estratos inferiores se dividían en grupos rurales y urbanos y estaban integrados por libres, libertos y esclavos. Por falta de una clase oprimida homogénea, y también como consecuencia de los diferentes intereses dentro de los estratos inferiores, no pudo nunca haber en Roma una revolución social y los conflictos entre los estratos dirigentes resultaron siempre en general de carácter sólo político, y apenas significaron cambios sociales. Los conflictos sociales fueron, por otra parte, mitigados por una cierta permeabilidad en las formas de estratificación social, según la cual era posible  mejorar la posición dentro de un estrato gracias a la habilidad personal, y ascender hasta el próximo estadio de la jerarquía social. Al mismo tiempo, el sistema de poder, siempre constituido por los grupos aristocráticos terratenientes, siempre fue
suficientemente fuerte como para asegurar la jerarquía social.

En realidad este modelo sufrió cambios a lo largo de la historia debido en primer lugar al hecho de que se convirtiera en un Imperio universal gracias a la expansión, pero tuvo
como origen ante todo la enorme capacidad integradora del orden social romano,  Roma hizo siempre que los más altos estratos de su sociedad fuesen accesibles a sus antiguos súbditos, y completó su propio estrato dirigente con los que en otro tiempo eran sus enemigos. De este modo, y a pesar de todas las diferencias regionales, las estructuras sociales en las distintas partes del Imperio romano permanecieron siempre, más o menos, idénticas, y la historia romana se puede considerar como la historia de un tipo de sociedad.

Como conclusión podemos decir que la definición de la sociedad actual sólo puede ser trasladada a una sociedad preindustrial según ciertos criterios como los fundamentos económicos de las relaciones sociales, debemos tener en cuenta el sistema de estratificación social, el carácter de los diferentes grupos sociales, las formas de subordinación, los conflictos entre los diferentes grupos sociales, la posibilidad de cambiar de estamento social, el marco político, el sistema de valores y la posición de la mujer dentro de la sociedad. Si pudiésemos demostrar que dichos factores se mantienen más o menos inalterables a lo largo de la historia de una civilización, ya podríamos definir y entender el funcionamiento de la misma con referencia a la nuestra.

Bibliografía

https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/73850/Pierre_Vidal-Naquet_y_la_Grecia_marginal.pdf;jsessionid=0C058B8895B53E02B75652BCD96F7840?sequence=1

https://www.dropbox.com/s/7ae7elwfw9vvqq4/HISTORIA%20TS%2020%20B_REVISADO.pdf?dl=0

https://www.dropbox.com/s/4hpf28o4mwksyr7/La%20pobreza%20en%20la%20antig%C3%BCedad.pdf?dl=0

http://roderic.uv.es/bitstream/handle/10550/47339/407.pdf?sequence=1&isAllowed=y

martes, 1 de octubre de 2019

Historia y la figura del historiador

"-No podemos, en esta generación formular una historia definitiva; pero sí podemos eliminar la historia convencional, y mostrar a qué punto hemos llegado en el trayecto que va de ésta a aquella". Lord Acton para la cambridge university press relativo al texto cambridge modern history, (1902). Como ya sabemos, la historia es algo que forma parte de nuestras vidas y el modo de comprenderla sin duda afecta en gran medida al presente de la humanidad. Si bien la historia es importante, podemos decir que la figura del historiador no goza de menos importancia, pues es el encargado de manejar los datos históricos y sus interpretaciones como si de herramientas se tratasen, para conseguir una interpretación fiel de la historia. Si todos estamos de acuerdo en que una buena interpretación de nuestro pasado ayuda a la humanidad a evolucionar como conjunto, ¿qué tal si nos planteásemos esto a una escala individual? ser historiadores de nosotros mismos en definitiva.

A lo largo de los años han ido surgiendo distintas formas de interpretar la historia, digamos que en cierto modo este proceso de cambio ha significado avanzar en la manera en la que vemos nuestro pasado. Fue Lord Acton, anteriormente citado, quién abrió la veda aventurandose a decir que bajo la consigna de la evolución de las técnicas para resolver problemas, algún día habría medios disponibles para alcanzar un conocimiento definitivo y verdadero de la historia, sin embargo esto fue contradicho por Sir George Clark 60 años después, en la segunda edición de la Cambridge modern history. Clarck hablaba sobre la cantidad de historiadores sujetos a la idea de la libre interpretación, y el peligro que ésto suponía para corromper la historia, la cual sería por tanto carente de valor y estaría lejos de convertirse en historia definitiva de la humanidad.

También podemos ver una serie de teorías desde Ranke, quien decía que los hechos objetivos prevalecen sobre la interpretación, pasando por las ideas positivistas, las cuales marcaban el averiguar los hechos como un primer paso para después deducir de ellos las conclusiones, hasta llegar a la teoría empírica, la cual abogaba por un proceso receptivo pasivo de los datos, tras el cual sacaríamos las conclusiones pertinentes. Parece que damos palos de ciego pero en realidad nos estamos acercando poco a poco al camino correcto. C.P.Scott decía: “los hechos son sagrados, la opinión libre”,esto  nos hace preguntarnos sobre qué hechos son relevantes y cuáles no. Un historiador no debe fallar a la hora de elegir ciertos hechos para construir una interpretación del pasado, su precisión en este caso tiene que ser un deber no una virtud, se trata de una condición totalmente necesaria en cada historiador pero no es ésta su función principal. Llegados a este punto podemos comprobar que los datos básicos son más materia prima del historiador que de la propia historia, tenemos entonces que los hechos sólo hablan cuando se apela a ellos. Tras todo esto podríamos definir la historia como un sistema selectivo de orientaciones cognitivas hacia la realidad, nos preguntamos entonces por el proceso que debe pasar un hecho para convertirse en histórico y la respuesta puede parecer sencilla, pero encierra dentro de sí una gran cantidad de procesos sociales, ya que en primer lugar el hecho se presenta a la sociedad, quien decide si aceptar y dar uso a dicho hecho, si la respuesta es satisfactoria ya tenemos un hecho histórico, ahora bien, esto puede tener buenos o malos resultados, dependiendo del nivel cultural de la sociedad en cuestión.

A la hora de hablar de un historiador debemos tener en cuenta que se encuentra dentro de unas circunstancias determinadas que afectan a la interpretación de la historia, así mismo podemos ver el ejemplo de los historiadores de la edad media, los datos que manejaban habían pasado por muchos procesos de selección, entre ellos debían pasar el filtro religioso, tendremos entonces una visión borrosa de la historia. A nosotros nos ha llegado la idea de que la gente en la edad media era muy religiosa, ¿será esto cierto? ¿acaso a la iglesia no le interesaría plasmar la historia de esta manera? también se plantea la cuestión de que la mayor parte de gente que no era ágrafa eran religiosos o relacionados con el medio eclesiástico.

La imagen del historiador cobró peso con la llegada de las teorías de Colinwood, de entre las cuales destaca la filosofía de la historia, la cual consiste en ver el pasado desde una visión del presente, vemos cómo se relaciona el que sería un pasado vivo, cambiante, con nuestro presente correspondiente. Sin embargo decía que los hechos históricos jamás llegarían puros a nuestras manos, y que nuestro principal interés acabaría siendo más elegir a un historiador que encaje con nuestras preferencias que por los datos que éste tiene en su base. En la actualidad se presenta un historiador que no está ni sometido por los datos que maneja ni los somete, la relación entre los mismos y el historiador es de armonía e igualdad, de intercambio. El proceso comenzaría con una selección provisional de los datos junto con una interpretación provisional, conforme el historiador trabaje en este proyecto veremos el fruto de la relación entre datos e interpretación, se complementarían poco a poco de tal forma que se aporten información para ganar un mayor peso y validez.

Finalmente si extrapolamos esta idea a un nivel individual, tendremos como resultado un individuo no solo consciente de su pasado y presente, sino un individuo consciente tanto de su entorno como de sí mismo. Si utilizamos el pasado como una herramienta y no como un peso a cargar, podremos comprobar que no somos meros individuos limitados a ver pasar experiencias por delante de nuestros ojos, sino que le daremos un uso a dichas vivencias que nos hará avanzar a nivel personal en la medida en la que nuestro entorno nos lo permita. Podríamos decir que esta característica realmente es inherente al ser humano, pero sin duda darse cuenta de ello y trabajarlo de manera consciente nos reportaría verdaderos beneficios.